From Mark Labberton

Love Matters

June 26, 2015, was a day of two loves and a historic day in the United States. First, it was a day of profound love and grace for the Charleston Nine as people in South Carolina, and online throughout the country, gathered to grieve for brothers and sisters in Christ who were mercilessly murdered just days prior. The forgiveness of their families bathed the horror—theirs and ours—in Christlike love. President Barack Obama intoned the chorus of “Amazing Grace,” leading the country in a song that has brought us “through many dangers,” with grace that will “lead us home.”

It was also the day when the Supreme Court ruled that same-sex couples who seek to marry must be acknowledged in all 50 United States. Many who fought for such a decision carried advocacy signs proclaiming “love wins!” For many in the same-sex marriage movement, the church has been their leading opponent. Amazing grace has been hard to find on either side of this acrimonious issue.

Many feel backed into a corner of apparent bigotry by supporters of “marriage equality” who assert that love must affirm same-sex relationships. For those advocates, it feels as if conservative Christians are raising a Confederate flag just as the president is singing “I once was lost but now am found, was blind but now I see”: a scorching violation of love and grace. Such an indictment of Christians who accept a traditional definition of marriage is unfair, but it reveals a rift that cannot be ignored. Christians want to share the love of Christ that speaks into that pain. For those Christians who affirm marriage as the union of one man and one woman, as Fuller Seminary has done and will continue to do, it is because we understand this to be God’s intent for love to flourish best in the family and in society. We acknowledge that this positive affirmation is often drowned out by a louder message of hatred, rejection, or denial of the love of same-sex couples. When that happens, no wonder it seems as if love fails.

It was a day of two loves: the amazing love of God poured out for a racially broken world and Supreme Court recognition of the love of same-sex couples. The flood of media coverage and social media reaction since that historic day prompts me to wonder, “Is the love that desires racial equality the same as the love that desires marriage equality, as some passionately believe? Or are these loves quite different, as Christians have believed for centuries—and still believe in most of the world?”

The center to which Christians turn to find our bearings, whether about race or sexuality, is the cross of Jesus Christ—the story of God’s righteous and merciful love. Love, as portrayed in the Bible, is not defined by human agency or opinion, but by God’s character. The love of God is poured out in Jesus Christ for a suffering and sinful world. All Christian understandings of love must return to this heart of the Christian gospel. When the church is living its identity, we embody the love of God in Jesus to the world.

Fuller Seminary seeks to be a faithful and thoughtful Christian influence, committed to fostering civil dialogue and long-term engagement with controversial issues. History warns us that Americans—Christian and otherwise—will be prone to remember the decision of the Supreme Court more vividly than the tragic injustice of Charleston. To be followers of Jesus means loving justice and righteousness with a protracted commitment, keeping God’s vision of human dignity ever before us. We grieve when positive affirmations of God’s love are drowned out by religious hatred, rejection, or separatism. The church is divided by so many things—race and sexuality among them—but the road ahead will show how the people of God will express the love of God for their family, friends, and neighbors.

Fuller Seminary testifies in humility to the love of God that seeks the flourishing of all. Therein lies the most transformative and life-giving hope—and we are committed to faithful theological conversation and witness that serve the church in the United States as well as the global church. For me, in times of radical change such as these we live in, the clarion call that resounds in my heart is to faithfully love God and neighbor with humble conviction, distinguishing magnanimity, and the same amazing grace “that saved a wretch like me.”

El Amor Sí Importa

El 26 de junio del 2015 fue un día de dos amores y un día histórico en los Estados Unidos. Primero, fue un día de profunda gracia y amor para los nueve de Charleston a medida que personas en Carolina del Sur, y por la internet en todo el país, se reunieron para llorar y recordar la vida de los hermanos y hermanas en Cristo que fueron asesinados sin piedad apenas unos días antes. El perdón de sus familias cubrió el horror— tanto el de ellas, como el nuestro—en un amor que refleja a Cristo. El Presidente Barack Obama entonó el himno de “Sublime Gracia,” dirigiendo a la nación en una canción que nos ha ayudado superar “muchos peligros,” con la gracia que nos “llevará a nuestro hogar.”

También fue el día en que la Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó que las parejas del mismo sexo que buscan casarse deben ser reconocidas en los 50 estados del país. Mucha de la gente que luchó por esta decisión alzaron pancartas de apoyo que proclamaban “¡el amor gana!” Para muchos participantes dentro del movimiento del matrimonio del mismo sexo, la iglesia ha sido su principal opositor. Ha sido difícil encontrar la sublime gracia en ambos lados de este reñido asunto.

Mucha gente se siente acorralada en la esquina del aparente fanatismo por aquellas personas que apoyan la “igualdad matrimonial,” quienes aseveran que el amor debe afirmar las relaciones del mismo sexo. Las personas que siguen la “igualdad matrimonial” se sienten como si las personas cristianas conservadoras estuviesen levantando la bandera de la Confederación [Confederate Flag] mientras el presidente canta “Fui ciego mas hoy miro yo, perdido y él me halló hoy:” una abrasadora violación del amor y la gracia. Tal acusación punzante de la Iglesia cristiana que acepta la definición tradicional del matrimonio es injusta, pero sí refleja una ruptura que no se puede ignorar. La Iglesia cristiana desea compartir el amor de Cristo que consuela aquel dolor. Para la Iglesia cristiana que afirma el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, tal como lo ha hecho y continuará haciendo el Seminario Fuller, es porque la comunidad cristiana entiende que esta es la intención de Dios para que el amor florezca mejor en la familia y en la sociedad. Entendemos claramente que esta afirmación positiva es a menudo ahogada por un mensaje más fuerte de odio, rechazo o la negación del amor de parejas del mismo sexo. Cuando esto sucede, no es de sorprender que el amor pareciera estar fallando.

Fue un día de dos amores: el asombroso amor de Dios derramado por un mundo violento y racialmente roto y el reconocimiento de la Corte Suprema del amor de las parejas del mismo sexo. La abrumadora cobertura de los medios de comunicación y la reacción de las redes sociales desde ese día histórico me lleva a reflexionar, “¿Es el amor que desea la igualdad racial el mismo amor que desea la igualdad del matrimonio, tal como algunas personas creen apasionadamente? ¿O son estos amores muy diferentes, tal como la gente cristiana ha creído durante siglos y todavía cree en la mayor parte del mundo?”

El centro al que como cristianos y cristianas nos dirigimos, ya sea acerca de la raza o la sexualidad, es la cruz de nuestro Señor Jesucristo—la historia del justo y misericordioso amor de Dios. El amor, como se muestra en la Biblia, no está definido por la acción u opinión humana, sino por el carácter de Dios. El amor de Dios es derramado en Jesucristo para un mundo pecaminoso y en sufrimiento. Todos los entendimientos cristianos sobre el amor tienen que volver a este corazón del evangelio cristiano. Cuando la iglesia practica y vive su identidad, nosotras y nosotros encarnamos el amor de Dios en Jesús para este mundo.

El Seminario Fuller busca ser una influencia cristiana fiel y atenta, comprometido a fomentar un diálogo civil y un compromiso a largo plazo sobre asuntos controversiales. La historia nos advierte que la población americana—cristiana o no—estará más propensa a recordar la decisión de la Corte Suprema con más vividéz de lo que recordaremos la injusticia de Charleston. Ser seguidores y seguidoras de Jesús significa amar la justicia y la rectitud con un compromiso prolongado, manteniendo siempre por delante la visión de Dios sobre la dignidad del ser humano. Nos afligimos cuando afirmaciones positivas del amor de Dios son ahogadas por el odio a la religiosidad, el rechazo, o el separatismo. La iglesia está dividida por muchas cosas—entre ellas la raza y la sexualidad—pero el camino por delante mostrará cómo el pueblo de Dios expresará el amor de Dios hacia sus familiares, amistades y el prójimo.

El Seminario Fuller testifica en humildad sobre el amor de Dios que busca la prosperidad de todos. Ahí radica la más transformadora y vivificante esperanza— y esta comunidad está comprometida con las fieles conversaciones teológicas y testimonios que sirven a la iglesia en los Estados Unidos, y también a la iglesia global. Para mí, en tiempos de cambios radicales como los que vivimos, lo que resuena con mayor urgencia en mi corazón es amar fielmente a Dios y amar a nuestro prójimo con convicciones humildes, magnanimidad distinguida y con la misma gracia sublime que “salvó a un miserable como yo.”

중요한 것은 사랑입니다

2015년 6월 26일은 우리에게 두 가지 사랑을 보여준 역사적인 날이었습니다. 무엇보다도, 그 날은 챨스톤(Charleston)에서 유명을 달리한 아홉 명을 향한 깊은 사랑과 은혜를 경험한 날이었습니다. 사우스 캐롤라이나(South Carolina) 주민들과 미 전역의 온라인을 통해 수많은 사람이 함께 모여, 바로 며칠전 무자비하게  살해된 그리스도 안의 형제자매들의 죽음을 애도했습니다. 유가족들의 용서를 통해, 그들과 우리 모두의 공포가 그리스도의 사랑으로 씻겨졌습니다. 버락 오바마(Barack Obama) 대통령은 “어메이징 그레이스”를 선창하며, “수많은 역경”에도 불구하고 “우리를 본향으로 인도하신다”는 은혜의 찬송으로 온 나라를 인도했습니다.

그 날은 또한 연방 대법원이 미국의 50개 주 모두가 동성애자들의 결혼을 법적으로 인정해야 한다고 판결한 날이었습니다. 대법원의 이러한 결정을 위해 싸워온 많은 사람은 “사랑의 승리”라고 쓰인 팻말을 들고 연호했습니다. 동성결혼 지지자들에게, 교회는 주된 반대자였습니다. 이처럼 첨예하게 대립하는 두 진영 사이에서 하나님의 놀라운 은혜를 발견하기는 쉽지 않습니다.

“결혼의 평등”을 지지하는 사람들은, 진정한 사랑은 동성애자들의 관계를 인정해야만 한다고 주장합니다. 이로 인해 많은 교회가 명백한 편견에 사로잡혀 있는 것으로 인식됩니다. 교회의 이런 태도가 동성 결혼 지지자들에게는 마치, 오바마 대통령이 “잃었던 생명 찾았고, 광명을 얻었네”를 부르자, 보수 기독교인들이 남부 연합기를 게양하는 것처럼 느껴집니다. 이것은 사랑과 은혜를 소멸시키는 배신행위를 의미합니다. 결혼에 대한 전통적인 정의만을 인정하는 크리스천들의 이런 신랄한 정죄는 부당한 것이며, 이는 두 진영 사이의 무시할 수 없는 균열을 보여줍니다. 크리스천들은 그 고통을 향해 말씀하시는 그리스도의 사랑을 나누기를 원합니다. 결혼을 한 남자와 한 여자의 결합으로 인정하는 크리스천들은 이러한 결혼관이 가족과 사회 안에서 사랑을 최고로 번성하게 하려는 하나님의 뜻이라고 이해합니다. 풀러신학교 또한 결혼을 한 남자와 한 여자의 결합으로 인정해 왔고, 앞으로도 이러한 입장을 계속 견지해 나갈 것입니다. 그러나 동성애자들의 사랑을 증오하고, 배제하고, 혹은 거부하는 목소리가 크게 드러나면서, 이러한 긍정적인 결혼관이 자주 그 빛을 잃고 있음을 인정합니다. 그럴 때마다, 마치 사랑이 실패한 것처럼 보이는 것도 놀라운 일은 아닙니다.

그 날 우리는 두 가지 사랑을 목격했습니다. 인종적으로 분열된 세상을 위해 베풀어 주신 하나님의 놀라운 사랑과 동성애자들의 사랑에 대한 연방 대법원의 승인이 바로 그것입니다. 이 역사적인 날 이후로 쏟아져 나온 언론의 보도와 소셜 미디어의 반응에 귀 기울이면서, 저에게 이런 의문이 생겼습니다.
“어떤 이들이 열정적으로 믿는 것처럼, 인종 간 평등을 갈망하는 사랑과 결혼의 평등을 주장하는 사랑이 똑같은 것인가? 아니면 크리스천들이 수 세기 동안 믿어왔고, 세계 곳곳에서 여전히 믿고 있는 것처럼, 이 두 가지 사랑은 서로 완전히 다른 것인가?”

인종 혹은 성에 대해 우리가 가져야 할 태도를 발견하기 위해 크리스천들이 돌아가야 할 중심은 하나님의 의로우시고 자비로우신 사랑 이야기인 예수 그리스도의 십자가입니다. 성경에 묘사된 것처럼, 사랑은 인간의 힘이나 견해에 따라 정의되는 것이 아닙니다. 사랑은 하나님의 속성에 의해 정의됩니다. 하나님은 예수 그리스도 안에서, 고통받고 죄로 물들어 있는 세상을 위해 당신의 놀라운 사랑을 쏟아 부어주십니다. 사랑에 대한 모든 기독교적 이해는 이러한 기독교 복음의 중심으로 돌아가야만 합니다. 교회가 그 정체성을 충실히 실행할 때, 우리는 예수 그리스도 안에서 하나님의 사랑을 세상 가운데 구현하게 됩니다.

풀러신학교는 중요한 쟁점들에 대한 시민적 대화를 조성하고 지속적으로 참여함으로써, 기독교의 영향력을 신실하고 사려 깊게 발휘하려고 합니다. 역사는, 미국인들이—기독교인이건 비기독교인이건—챨스톤에서 자행된 비극적인 불의를 기억하는 것보다, 연방 대법원의 이번 결정을 더욱 생생하게 기억하게 될 것이라고 우리에게 경고합니다. 예수님의 제자가 된다는 것은, 인내하는 헌신을 통해 정의와 공의를 사랑함으로써, 인간의 존엄성이라는 하나님의 비전을 우리 자신보다 우선시하는 것을 의미합니다. 하나님의 사랑에 대한 긍정적인 확신이 종교적 증오, 거부, 혹은 배격으로 인해 그 빛을 잃는다면 참으로 비통한 일입니다. 교회는 여러가지 문제들, 특히 인종과 성적 취향의 문제로 인해 분열되어 있습니다. 그러나 우리 앞에 놓인 과제는 하나님의 백성들이 어떻게 그들의 가족, 친구, 그리고 이웃들을 위해 하나님의 사랑을 표현할 것인가 하는 것입니다.

풀러신학교는 인류가 번성하기를 원하시는 하나님의 사랑을 겸허히 증거하고 있습니다. 가장 변혁적이며 생명을 주는 소망은 오직 하나님의 사랑 안에 있습니다. 우리는 미국의 교회뿐만 아니라 지구촌의 교회를 섬기기 위해 성실하게 신학적으로 대화하고 입증하는 일에 정진하고 있습니다. 우리가 사는 시대처럼 급변하는 이때, 저의 마음속에 긴박하게 울려 퍼지고 있는 것은, 겸손하고 포용력 있게, 그리고 저같이 비천한 죄인을 구원해 주신 하나님의 그 놀라운 사랑으로 하나님과 이웃을 신실하게 사랑하기를 바라는 간절한 호소입니다.

Ki-Seki (2014) by Makoto Fujimura

“Reminding people of our common life—that we are neighbors first—is a test of Culture Care. We acknowledge openly the borders of our groups, and acknowledge, too, the legitimate things that divide us. Our responsibility, then, is to rehumanize this divide. An emphasis on our role as neighbor as part of our identity begins this process by reminding us of our shared cultural and geographical spaces and the fact that proximity brings responsibility. Even apart from Jesus’ call to love our neighbor, we know that our common flourishing depends on each other. . . .

“We need to create cultural contexts where this love toward the other, toward those outside our tribe’s borders, is cultivated and modeled organically. A Culture Care environment will nourish and steward our abilities to dream even in the face of injustice, intolerance, and persecution.

“Poets, artists, and creative catalysts . . . [provide]reminders of beauty that present justice in words, images, and songs that draw us in and captivate our attention until their truth can reach our hearts and transform our communities. Culture Care is the logical extension of nonviolent resistance to injustice.”

+  from Makoto Fujimura in Culture Care (2015). Ki-Seki (2014), left, was painted with mineral pigments, sumi ink, silver, and gold on Kumohada paper. The original, at 60.25 x 45.25 inches, was inspired by a pear tree on Fujimura’s farm. makotofujimura.com