grey canyon

¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!
     Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:
Practicar la justicia, amar la misericordia,
     y humillarte ante tu Dios.
(Miqueas 6:8)

Conocemos tanto este pasaje como el mandamiento que éste contiene. Las palabras de Miqueas resuenan en un mundo que está completamente quebrantado y lleno de injusticia, orgullo y odio. Reflexionando acerca de la Segunda Guerra Mundial, Howard Thurman, en Jesús y los Desheredados, señaló que durante tiempos de guerra y agitamiento político, el odio es mucho más común: “Fue muy simple; el odio podía ser sacado a la luz, se le podía dar una dignidad formal y un lugar de respetabilidad”. Él también señaló que, durante estos tiempos, el odio se disfrazaba seguido de “patriotismo”. Hemos visto recientemente una dosis de odio. Hemos visto el daño que ese odio—junto con injusticia y orgullo—deja en su camino. No es de extrañar porque Thurman llama al odio uno de los “sabuesos del infierno que persiguen los pasos de los desheredados”. Aunque sus palabras fueron primero publicadas a principios de los años 1950s, resuenan inquietantemente hoy.

Thurman entendió que “el odio comúnmente empieza en una situación en la que hay contacto sin comunión”. Este contexto describe a personas que trabajan juntos, viven cerca unos de otros y quizá hasta adoran juntos, pero que no tienen una comunión real los unos con los otros. Sin ese sentido de comunión, es fácil tratar a alguien como si fuera diferente y foráneo. Una vez que este fundamento se establece, la deshumanización ha comenzado, y no hay urgencia por tener compasión ni justicia.

En su obra, Thurman finalmente llama al cristiano a una vida que está centrada en una ética de amor. Él reta tanto al oprimido como al opresor a tener la misma ética. Ambos grupos están llenos de odio y el odio debe ser destruido. Pero mientras que fracasemos en vernos unos a otros y en escuchar las historias los unos de los otros, estaremos por siempre en contacto unos con otros sin un sentido de entendimiento y compasión.

Sabemos que somos llamado a hacer justicia, y que la justicia nos llama a ser conscientes y compasivos hacia nuestro prójimo, pero no siempre estamos seguros de cómo se ve eso. En este número encontrarás voces de profesionales y académicos que analizan la justicia desde su perspectiva. ¿Cómo puede el psicólogo o el pastor responder al llamado a hacer justicia? ¿Cómo afectan los problemas de poder a nuestro entendimiento y relación con la justicia? ¿Cómo nos acercamos a la Escritura con un lente de justicia? Que estas contribuciones profundicen tu comunión con otros, te guíen a una ética de amor y te fortalezcan en tu llamado a hacer justicia.

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Dwight A. Radcliff Jr. is academic dean for the William E. Pannell Center for Black Church Studies and assistant professor of mission, theology, and culture. His teaching and preaching have taken him across the US and abroad, and he has lectured in seminaries, universities, and conferences on topics ranging from urban church planting, culture, theology, preaching, social justice, millennials, and evangelism. He has over 20 years of experience in pastoral ministry and is pastor of The Message Center, a multicultural, multigenerational, urban congregation in Gardena, California, where he leads with his wife, DeShun Jones-Radcliff. He and his wife have two daughters.

¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!
     Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:
Practicar la justicia, amar la misericordia,
     y humillarte ante tu Dios.
(Miqueas 6:8)

Conocemos tanto este pasaje como el mandamiento que éste contiene. Las palabras de Miqueas resuenan en un mundo que está completamente quebrantado y lleno de injusticia, orgullo y odio. Reflexionando acerca de la Segunda Guerra Mundial, Howard Thurman, en Jesús y los Desheredados, señaló que durante tiempos de guerra y agitamiento político, el odio es mucho más común: “Fue muy simple; el odio podía ser sacado a la luz, se le podía dar una dignidad formal y un lugar de respetabilidad”. Él también señaló que, durante estos tiempos, el odio se disfrazaba seguido de “patriotismo”. Hemos visto recientemente una dosis de odio. Hemos visto el daño que ese odio—junto con injusticia y orgullo—deja en su camino. No es de extrañar porque Thurman llama al odio uno de los “sabuesos del infierno que persiguen los pasos de los desheredados”. Aunque sus palabras fueron primero publicadas a principios de los años 1950s, resuenan inquietantemente hoy.

Thurman entendió que “el odio comúnmente empieza en una situación en la que hay contacto sin comunión”. Este contexto describe a personas que trabajan juntos, viven cerca unos de otros y quizá hasta adoran juntos, pero que no tienen una comunión real los unos con los otros. Sin ese sentido de comunión, es fácil tratar a alguien como si fuera diferente y foráneo. Una vez que este fundamento se establece, la deshumanización ha comenzado, y no hay urgencia por tener compasión ni justicia.

En su obra, Thurman finalmente llama al cristiano a una vida que está centrada en una ética de amor. Él reta tanto al oprimido como al opresor a tener la misma ética. Ambos grupos están llenos de odio y el odio debe ser destruido. Pero mientras que fracasemos en vernos unos a otros y en escuchar las historias los unos de los otros, estaremos por siempre en contacto unos con otros sin un sentido de entendimiento y compasión.

Sabemos que somos llamado a hacer justicia, y que la justicia nos llama a ser conscientes y compasivos hacia nuestro prójimo, pero no siempre estamos seguros de cómo se ve eso. En este número encontrarás voces de profesionales y académicos que analizan la justicia desde su perspectiva. ¿Cómo puede el psicólogo o el pastor responder al llamado a hacer justicia? ¿Cómo afectan los problemas de poder a nuestro entendimiento y relación con la justicia? ¿Cómo nos acercamos a la Escritura con un lente de justicia? Que estas contribuciones profundicen tu comunión con otros, te guíen a una ética de amor y te fortalezcan en tu llamado a hacer justicia.

Dwight Radcliff

Dwight A. Radcliff Jr. is academic dean for the William E. Pannell Center for Black Church Studies and assistant professor of mission, theology, and culture. His teaching and preaching have taken him across the US and abroad, and he has lectured in seminaries, universities, and conferences on topics ranging from urban church planting, culture, theology, preaching, social justice, millennials, and evangelism. He has over 20 years of experience in pastoral ministry and is pastor of The Message Center, a multicultural, multigenerational, urban congregation in Gardena, California, where he leads with his wife, DeShun Jones-Radcliff. He and his wife have two daughters.

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Dwight A. Radcliff Jr., academic dean for the William E. Pannell Center for Black Church Studies, writes about approaching Scripture with a vision that recognizes God’s holistic, healing work in a broken world.