Ilustrado por Bea Rios
¿Cómo podría yo comprender los márgenes de los márgenes? Soy gringa, blanca, anglo-sajona, protestante (WASP por sus siglas en inglés). Me crié dentro de la cultura mayoritaria de un país que ha sido un imperio desde la Primera Guerra Mundial. No obstante, he vivido en la Argentina por más de veinticinco años.
Mi vida en Argentina me ha transformado considerablemente. Apenas llegué aquí como colaboradora en misión, perdí muchos de los privilegios que las mujeres blancas en los Estados Unidos habían ganado en los años 1970 y 1980. Las expectativas sobre mí como mujer eran muy específicas y rígidas. La violencia general contra las mujeres aquí suele ser diversa y profunda en la familia, la iglesia y la sociedad.
Cuando cerró el instituto donde enseñaba, pasé de ser una colaboradora en misión relativamente acomodada a ser una inmigrante, sin conexiones institucionales formales y obligada a vivir con las inestabilidades económicas de un país cuya economía depende de los ires y venires de los diversos “imperios” de nuestro tiempo –especialmente las corporaciones financieras multinacionales, o las corporaciones multinacionales extractivas (agrícolas y mineras), que tienden a producir más pobreza en el nivel de base de la sociedad, destruyen ecosistemas importantes, y sólo invierten cuando existe la posibilidad de obtener ganancias para los y las accionistas en el exterior.
Además, según la Constitución argentina, a pesar de la libertad religiosa, el Estado solamente apoya a la Iglesia Católica Romana –proveyendo fondos del estado para la educación teológica y para los obispados– dejando que la educación teológica fuera de la Iglesia Católica Romana dependa de donaciones de grupos fuera de América Latina.
Así, como mujer, inmigrante y teóloga protestante que vive en la Argentina, he enfrentado violencia personal y estructural, pobreza y discriminación estructural. Explico mi propio sitz im leben, mi propio lugar desde el cual veo la historia del cristianismo, debido a su resonancia con la experiencia de muchas personas latinas y otras inmigrantes en los Estados Unidos y Europa que experimentan violencias y discriminaciones similares, tanto personales como estructurales. Por lo tanto, creo profundamente que el estudio de la historia del cristianismo que mejor puede beneficiar a las iglesias latinas dentro de América Latina y alrededor del mundo es una historia que resalta cómo la teología y las iglesias han interactuado con las estructuras de poder de su propio tiempo y espacio, en otras palabras, cuándo las expresiones del cristianismo han proporcionado una libertad de protagonismo y expresión en y desde los márgenes, y cuándo han censurado y discriminado a aquellas personas que se encuentran en los márgenes.
Como profesora de historia de la iglesia, enseñar de esta manera es desafiante y fascinante. Y una parte clave de enseñar así implica enseñar a mis estudiantes cómo hacer preguntas a nuestros documentos históricos cristianos de maneras que nos enseñen a comprender mejor el contexto de la iglesia hoy. En este artículo, a modo de estudio de caso, echemos un vistazo al Acta del Martirio de las Stas. Perpetua y Felicitas, en el África Romana del Norte, c. 203 EC, durante el reinado imperial de Septimio Severo. Al considerar cómo plantear preguntas al texto, a la luz de las estructuras de poder con las que se enfrenta –como podría enseñar el texto a mis estudiantes–, extraeremos lecciones sobre el ministerio hacia y desde el pueblo cristiano latinoamericano hoy en el siglo XXI.
Preguntas para Nuestra Lectura
Una edición en español de fácil acceso del Acta del Martirio de las Stas. Perpetua y Felicitas es la de Daniel Ruiz Bueno a través de Internet Archive. Para construir el escenario del texto, en mis materiales de clase, presento los cambios en la política religiosa del Imperio Romano bajo el emperador Septimio Severo que llevaron a este martirio en particular: la imposición en todo el imperio de adorar al Sol Invictus y la persona del emperador como hijo de esta divinidad, junto con la prohibición de convertirse al judaísmo, incluyendo al movimiento cristiano dentro del judaísmo. Asimismo, presento otra evidencia de resistencia al Imperio Romano entre los pueblos del África del Norte Romana y otras regiones colonizadas del imperio cuyos pueblos anhelaban el autogobierno. Esto significa explicar no sólo el cambio en la política religiosa, sino también la amenaza política que el emperador percibió desde los márgenes, las regiones colonizadas, que condujo al cambio en la política religiosa.
Dentro de este trasfondo en particular están Perpetua y Felicitas. Según el prólogo del Acta, el autor anónimo indica que la primera era una joven matrona romana de buena formación y rica, hija y esposa de altos funcionarios romanos en Cartago. La otra, su esclava. Esto significa que para comprender el crecimiento del cristianismo hacia fines del siglo II en el África Romana, debemos estudiar las estructuras familiares tanto como las religiosas y políticas del Imperio Romano.
Ante estas consideraciones, aquí algunas preguntas con las que debemos luchar: ¿Porque las personas esclavizadas y las mujeres jóvenes ricas se convertirían al cristianismo? ¿Cuáles eran las estructuras familiares a las que las mujeres romanas debían someterse en aquella época? ¿Cómo este texto expresa la libertad de los mártires para elegir a quién amar en paz y alegría en medio de los mandatos y la violencia?
En este artículo en particular, también preguntamos: ¿Qué evidencia proporciona este documento que demuestra cómo el cristianismo en el África del Norte Romana desafió al Imperio y a la familia, apoyando la liberación de la esclavitud, el patriarcado y el imperialismo?
En esta ocasión, no tengo espacio para entrar en detalles de trasfondo. Bantu, González, e Irvin y Sunquist presentan ideas generales. Lo que me gustaría hacer, ahora que he sugerido algunas preguntas que podemos hacerle al texto —cuestiones que surgen de mi propio contexto viviendo y enseñando en y desde la Argentina— es mirar cómo el Acta del Martirio de las Santas Perpetua y Felicitas dan algunas respuestas para las comunidades cristianas latinoamericanas hoy.
Una Lectura del Acta del Martirio de las Santas Perpetua y Felicitas
El tema principal obvio de esta Acta de Martirio, a través de las palabras de Perpetua misma, son las visiones y oraciones que el Espíritu Santo le da para inspirarla en el amor divino, para su propio aliento y el de sus hermanos y hermanas en Cristo. Sin embargo, el tema de la libertad de elegir a quién amar, ya sea al Dios cristiano o a otros seres humanos, es promovido no sólo por la espiritualidad profundamente carismática y apocalíptica de la joven, sino también por las referencias más sutiles a la desobediencia a las normas de la estructura familiar patriarcal y al Imperio. En este ensayo, me gustaría examinar las referencias hechas a estos temas para comprender más profundamente cuán radicalmente peligroso se percibía y cuán radicalmente liberador era el amor cristiano a principios del siglo III en Cartago –y luego proponer algunos aprendizajes para el cristianismo latinoamericano hoy.
Resistencia a la Estructura Familiar Patriarcal
Primero, veamos la evidencia de resistencia al patriarcado en el texto. Este tema está representado por las relaciones de Perpetua con su padre, su hijo pequeño y su amada esclava, Felicitas.
El relato de Perpetua misma empieza con la presentación de su padre quien la visita en la cárcel y quien deseaba “ardientemente hacer(la) apostatar.” Cuando ella insistió que solo podía llamarse cristiana, su padre, irritado por esta palabra, se abalanzó sobre (ella) con ademán de arrancar(le) los ojos.” Y cuando él se marchó, ella dió “gracias al Señor … y (sintió) alivio con su ausencia.
Aunque su alivio puede parecer antagónico en esta parte de la narración, ella reconoce claramente el afecto de su padre por ella y se siente preocupada por ello. Sin embargo, no puede llamarse a sí misma por ningún otro nombre que no sea “cristiana”. Se siente libre para desafiar a su padre, a pesar de su afecto y de su mandato paterno.
El padre de Perpetua aparece otra vez y, entre lágrimas, le dice: “Compadécete, hija mía, de mis canas; compadécete de tu padre … Mira a tus hermanos; mira a tu madre … mira a tu hijito, que no ha de poder sobrevivirte. Depón tus ánimos.” No obstante, Perpetua responde, “has de saber que no estamos puestos en nuestro poder, sino en el de Dios.” El deseo más profundo de Perpetua no es someterse a la voluntad de su padre, sino inducirlo a someterse él y aceptar la voluntad de Dios. La sumisión puede ser muy difícil para las figuras de autoridad patriarcal.
En un intento final de manipular a su hija, el padre de Perpetua se niega a entregarle a su bebé para amamantarlo. Por la primera vez, según relata Perpetua, y “por quererlo así Dios, ni el niño echó ya de menos los pechos ni yo sentí más hervor en ellos. Así lo ordenó el Señor, para que no fuera yo atormentada juntamente de la angustia por el infante y el dolor de mis pechos.” Dios le libera a Perpetua de sus deberes maternos y la permite a regocijarse plenamente con sus compañeros y compañeras en su próximo martirio. Es liberada de toda atadura familiar para poder seguir su deseo más íntimo de comulgarse con su Señor en el bautismo de sangre.
Una última pieza de evidencia en el texto que demuestra la resistencia a las jerarquías patriarcales es la relación obviamente afectuosa de Perpetua con su esclava, Felicitas. Ambas eran catecúmenas y, por tanto, se habían convertido al cristianismo aproximadamente al mismo tiempo. Perpetua se había convertido recientemente en madre primeriza y Felicitas fue encarcelada estando embarazada de ocho meses de su primer bebé. Felicitas se entristeció mucho al pensar que su embarazo le impediría compartir en la comunión del martirio con los demás. Perpetua dirigió al grupo en oración y gemidos profundos para que no tuvieran que “dejar atrás tan excelente compañera, como caminante solitaria por el camino de la común esperanza.” En cuanto terminaron sus oraciones, “sobrecogieron inmediatamente a Felicitas los dolores del parto” y dio a luz a una niña. Está claro que el grupo de mártires entendía que eran todos y todas igualmente valoradas y bendecidas en Cristo. Si de familia noble, familia común, o en condición de esclavitud, su afecto y respeto mutuos eran el mismo. No hicieron diferencias de personas. Perpetua misma le describe a Felicitas como “tan excelente compañera.” Esta falta de diferencias entre los y las mártires se hizo notoriamente pública en la recta final. Los y las espectadores del circo, enfurecidos por la paz y regocijo entre los y las mártires, insisten que el degollamiento final se haga delante de sus ojos. Los y las mártires, ensangrentados y reventados, volvieron apaciblemente al anfiteatro y se dieron un último beso de la paz.
La adscripción al cristianismo que el texto describe derroca la jerarquía familiar de la nobleza romana en el África del Norte Romana. Los y las esclavas se aprecian con mayor profundidad que los padres, los hijos y aún el emperador. Perpetua, como mujer y autora, celebra esta interrupción y deconstrucción de los valores familiares tradicionales romanos. Su comprensión de las Escrituras, su fe honda e inquebrantable, y su profundo amor por sus compañeros y compañeras pueden ser un ejemplo para la juventud cristiana latina mientras se esfuerzan por dar testimonio del amor del Señor Jesucristo a través de la desobediencia a las normas hetero-patriarcales en las iglesias y las familias, frecuentemente en oposición a discriminaciones profundamente arraigadas en estas mismas estructuras sociales.
Resistencia al Imperio
Ahora, nos preguntamos –además de la yuxtaposición de la paz, amor y gozo de los mártires contra la brutalidad de la sentencia de muerte y de los espectadores en el anfiteatro– ¿cómo demuestra este texto la resistencia al imperio?
El primer paso que llevaba al circo romano era de presentar a los criminales ante el tribunal, leer la sentencia y ofrecer una última oportunidad por el arrepentimiento y cambio. Cuando el procurador le pidió a Perpetua que tuviera compasión por su padre y su hijo y que se “sacrifi(que) por la salud de los emperadores,” se negó. Por el doble crimen de negar la divinidad de los emperadores y de haberse convertido al cristianismo, el procurador luego ordenó que los catecúmenos se echaran a las fieras. El contraste marcado entre la brutalidad del sistema judicial romano y la resistencia pacífica de los cristianos está resaltado. Asimismo el contraste marcado entre la muchedumbre enfurecida y el amor entre los cristianos y las cristianas en medio de su agonía/victoria final.
Muestras particularmente irónicas de la brutalidad del Imperio y su falta de respeto por las minorías en los márgenes del Imperio se evidencian por el autor testigo y anónimo del prólogo y epílogo. El epílogo describe los últimos acontecimientos en el sufrimiento “glorioso” de los mártires. El autor explica cómo Perpetua insistía en un trato más humano para su compañeros:
¿Cómo es que no nos permites alivio alguno, siendo como somos reos nobilísimos, es decir, nada menos que del César, que hemos de combatir en su natalicio? ¿O no es gloria tuya que nos presentemos ante él con mejores carnes?
El autor enseguida comenta que el tribuno sintió vergüenza por sus palabras y ordenó “que se les tratara más humanamente. Perpetua expone la inhumanidad del sistema criminal romano contra los presos políticos y lo aprovecha momentáneamente para sus compañeros/as cristianos/as de cárcel –insistiendo en su derecho a la dignidad.
Además, “el día de su victoria … salieron de la cárcel al anfiteatro, como si fueran al cielo, radiantes de alegría y hermosos de rostro.” Sin embargo, al llegar “a la puerta del anfiteatro, (los soldados) quisieron obligarles a vestirse a los hombres de sacerdotes de Saturno y a las mujeres de sacerdotisas de Ceres.” Era importante invocar la bendición de estas deidades romanas tradicionales en medio de un pueblo minoritario en una provincia marginal quienes estaban desafiando las tradiciones imperiales romanas. Sin embargo, los mártires insistieron:
Justamente hemos llegado al punto presente de nuestra libérrima voluntad, a fin de que no fuera violada nuestra libertad; si hemos entregado nuestra alma, ha sido precisamente para no tener que hacer nada semejante. Tal ha sido nuestro pacto con vosotros.
Los soldados reconocieron la justicia de los prisioneros. Por lo tanto, las mujeres procedieron cantando himnos, y los varones increparon a todos: “Tú nos juzgas a nosotros; a ti te juzgará Dios.”
Podemos ver que la solidaridad entre los prisioneros y las prisioneras y el liderazgo de Perpetua ayudan a los cristianos y las cristianas a que insistan orgullosamente en su propio valor y dignidad, se nieguen a conformarse a las costumbres sociales y religiosas, y mantengan su fe con integridad. De igual manera, una comprensión profunda del amor de Dios para las personas que viven en los márgenes de sus sociedades también puede darles la fuerza para valorar su propia dignidad y valor, a pesar de las presiones sociales a conformarse a estándares que traicionarían su propia integridad.
Conclusión
A lo largo de este texto, Perpetua demuestra su capacidad innata para reagrupar a los y las mártires, animándoles, afirmándoles en su fe y en su amor mutuo. Su presencia, palabras y acciones, no sólo como autora de la mayor parte del texto, sino también en las palabras de la persona anónima que escribió el prólogo y el epílogo es determinante al desafiar las estructuras de poder imperial y patriarcal. De hecho, la fe, la esperanza y el amor que brillan en ella se burlan de la justicia imperial y comprueban su injusticia. La paciencia de su fe, esperanza y amor ofrecen una resistencia solemne y sólida ante las súplicas de su padre sin mostrar ningún desprecio hacia él como persona –aunque su resistencia a la autoridad paterna es una parte importante de lo que pone al procurador en contra de ella y sus compañeros.
No hemos discutido en este ensayo la profundidad de la fe, la esperanza y el amor de Perpetua. Cualquier lector o lectora del Acta notará este tema. Lo que hemos presentado aquí es la evidencia del contexto extremadamente difícil y la fe contracultural de estos y estas mártires norteafricanos/as de principios del siglo III. La sangre de estos/as cristianos/as fue semilla precisamente porque demostró que el amor y la libertad cristianos son más fuertes cuando confrontan y disputan estructuras de poder injustas. El autor del epílogo asegura que muchas de las personas presentes se hicieron cristianas por el amor y la alegría que irradiaban los y las mártires ante la brutalidad imperial.
Ahora, volvamos a la pregunta: ¿Cómo puede este relato del Martirio de las Santas Perpetua y Felicitas animar a las comunidades cristianas en la América Latina y alrededor del mundo? ¿Cómo puede una reflexión sobre la resistencia de Perpetua y Felicitas desafiar a las iglesias de la América Latina hoy?
Observando el mundo desde la inestabilidad económica de la Argentina, me es fácil señalar la empresa militar estadounidense y las estrategias imperiales de las corporaciones multinacionales financieras y extractivistas estadounidenses, europeas y chinas. Son “imperios” que prometen paz y prosperidad. No obstante, el costo en vida humana, pobreza, destrucción de ecosistemas sudamericanos importantes, tal como son el Amazonas y el Río de la Plata, y la deforestación de las otroras ricamente bio-diversas selvas Sur y Centro Americanas, exponen la injusticia de esta así llamada “paz y prosperidad.”
Más aún, muchas personas de fe cristiana encuentran que la estructura familiar hetero-patriarcal en las sociedadesy muchas iglesias latinas son rígidas y excluyentes. En la Iglesia Católica Romana, las mujeres pueden ser catequistas, pero no pueden administrar las liturgias y los sacramentos. El sacramento del matrimonio restringe severamente los derechos que tienen las mujeres para decidir sobre sus propios cuerpos y deseos, y excluye a las personas LGBTQI+. En las iglesias protestantes y evangélicas, hay pocas mujeres que son pastoras por su propia ordenación. Muchas esposas de pastores no son reconocidas como ministras, pero su ministerio suele ser más importante que el de sus esposos que son oficialmente ordenados y reconocidos. Muchos jóvenes –varones, mujeres y queer– son echados de las iglesias y de sus familias cristianas porque no pueden someterse a la violencia de la autoridad hetero-patriarcal. La voz profética del amor y reconocimiento cristiano sostiene a muchos de estos jóvenes, tal como lo hizo al grupo de mártires norteafricanos/as en 203. Sin embargo, en muchos casos, son las iglesias las primeras en predicar en contra de la integridad y derechos humanos de las mujeres y de las personas de la diversidad sexo-genérica.
Es así que el estudio de la historia del cristianismo habla al cristianismo de hoy. El testimonio cristiano de los y las mártires nortefricanos/as era político y estructural, no meramente religioso y piadoso. El testimonio cristiano de las iglesias hoy día también debe ser político, estructural y profético, y no simplemente religioso o personalmente piadoso. Nuestro amor profundo por Dios y las unas por los otros deberá desenmascarar la falsedad de las promesas imperiales, desafiar costumbres sociales aceptadas, y proveer de libertad de protagonismo y expresión, incluso “a los más pequeños” (Mt 25:40).
Kathleen M. Griffin es profesora adjunta de historia de la iglesia y ha sido miembro del cuerpo docente de Fuller desde 2016. Anteriormente, se desempeñó como colaboradora de misión y profesora adjunta de historia de la iglesia en el Instituto Universitario – ISEDET (Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos) en Buenos Aires a través de Misión Mundial Presbiteriana durante 14 años, y también como profesora visitante de estudios teológicos en el Seminario Emanuel de la Asociación La Iglesia de Dios, también en Argentina. Vive en Argentina desde 1998.
¿Cómo podría yo comprender los márgenes de los márgenes? Soy gringa, blanca, anglo-sajona, protestante (WASP por sus siglas en inglés). Me crié dentro de la cultura mayoritaria de un país que ha sido un imperio desde la Primera Guerra Mundial. No obstante, he vivido en la Argentina por más de veinticinco años.
Mi vida en Argentina me ha transformado considerablemente. Apenas llegué aquí como colaboradora en misión, perdí muchos de los privilegios que las mujeres blancas en los Estados Unidos habían ganado en los años 1970 y 1980. Las expectativas sobre mí como mujer eran muy específicas y rígidas. La violencia general contra las mujeres aquí suele ser diversa y profunda en la familia, la iglesia y la sociedad.
Cuando cerró el instituto donde enseñaba, pasé de ser una colaboradora en misión relativamente acomodada a ser una inmigrante, sin conexiones institucionales formales y obligada a vivir con las inestabilidades económicas de un país cuya economía depende de los ires y venires de los diversos “imperios” de nuestro tiempo –especialmente las corporaciones financieras multinacionales, o las corporaciones multinacionales extractivas (agrícolas y mineras), que tienden a producir más pobreza en el nivel de base de la sociedad, destruyen ecosistemas importantes, y sólo invierten cuando existe la posibilidad de obtener ganancias para los y las accionistas en el exterior.
Además, según la Constitución argentina, a pesar de la libertad religiosa, el Estado solamente apoya a la Iglesia Católica Romana –proveyendo fondos del estado para la educación teológica y para los obispados– dejando que la educación teológica fuera de la Iglesia Católica Romana dependa de donaciones de grupos fuera de América Latina.
Así, como mujer, inmigrante y teóloga protestante que vive en la Argentina, he enfrentado violencia personal y estructural, pobreza y discriminación estructural. Explico mi propio sitz im leben, mi propio lugar desde el cual veo la historia del cristianismo, debido a su resonancia con la experiencia de muchas personas latinas y otras inmigrantes en los Estados Unidos y Europa que experimentan violencias y discriminaciones similares, tanto personales como estructurales. Por lo tanto, creo profundamente que el estudio de la historia del cristianismo que mejor puede beneficiar a las iglesias latinas dentro de América Latina y alrededor del mundo es una historia que resalta cómo la teología y las iglesias han interactuado con las estructuras de poder de su propio tiempo y espacio, en otras palabras, cuándo las expresiones del cristianismo han proporcionado una libertad de protagonismo y expresión en y desde los márgenes, y cuándo han censurado y discriminado a aquellas personas que se encuentran en los márgenes.
Como profesora de historia de la iglesia, enseñar de esta manera es desafiante y fascinante. Y una parte clave de enseñar así implica enseñar a mis estudiantes cómo hacer preguntas a nuestros documentos históricos cristianos de maneras que nos enseñen a comprender mejor el contexto de la iglesia hoy. En este artículo, a modo de estudio de caso, echemos un vistazo al Acta del Martirio de las Stas. Perpetua y Felicitas, en el África Romana del Norte, c. 203 EC, durante el reinado imperial de Septimio Severo. Al considerar cómo plantear preguntas al texto, a la luz de las estructuras de poder con las que se enfrenta –como podría enseñar el texto a mis estudiantes–, extraeremos lecciones sobre el ministerio hacia y desde el pueblo cristiano latinoamericano hoy en el siglo XXI.
Preguntas para Nuestra Lectura
Una edición en español de fácil acceso del Acta del Martirio de las Stas. Perpetua y Felicitas es la de Daniel Ruiz Bueno a través de Internet Archive. Para construir el escenario del texto, en mis materiales de clase, presento los cambios en la política religiosa del Imperio Romano bajo el emperador Septimio Severo que llevaron a este martirio en particular: la imposición en todo el imperio de adorar al Sol Invictus y la persona del emperador como hijo de esta divinidad, junto con la prohibición de convertirse al judaísmo, incluyendo al movimiento cristiano dentro del judaísmo. Asimismo, presento otra evidencia de resistencia al Imperio Romano entre los pueblos del África del Norte Romana y otras regiones colonizadas del imperio cuyos pueblos anhelaban el autogobierno. Esto significa explicar no sólo el cambio en la política religiosa, sino también la amenaza política que el emperador percibió desde los márgenes, las regiones colonizadas, que condujo al cambio en la política religiosa.
Dentro de este trasfondo en particular están Perpetua y Felicitas. Según el prólogo del Acta, el autor anónimo indica que la primera era una joven matrona romana de buena formación y rica, hija y esposa de altos funcionarios romanos en Cartago. La otra, su esclava. Esto significa que para comprender el crecimiento del cristianismo hacia fines del siglo II en el África Romana, debemos estudiar las estructuras familiares tanto como las religiosas y políticas del Imperio Romano.
Ante estas consideraciones, aquí algunas preguntas con las que debemos luchar: ¿Porque las personas esclavizadas y las mujeres jóvenes ricas se convertirían al cristianismo? ¿Cuáles eran las estructuras familiares a las que las mujeres romanas debían someterse en aquella época? ¿Cómo este texto expresa la libertad de los mártires para elegir a quién amar en paz y alegría en medio de los mandatos y la violencia?
En este artículo en particular, también preguntamos: ¿Qué evidencia proporciona este documento que demuestra cómo el cristianismo en el África del Norte Romana desafió al Imperio y a la familia, apoyando la liberación de la esclavitud, el patriarcado y el imperialismo?
En esta ocasión, no tengo espacio para entrar en detalles de trasfondo. Bantu, González, e Irvin y Sunquist presentan ideas generales. Lo que me gustaría hacer, ahora que he sugerido algunas preguntas que podemos hacerle al texto —cuestiones que surgen de mi propio contexto viviendo y enseñando en y desde la Argentina— es mirar cómo el Acta del Martirio de las Santas Perpetua y Felicitas dan algunas respuestas para las comunidades cristianas latinoamericanas hoy.
Una Lectura del Acta del Martirio de las Santas Perpetua y Felicitas
El tema principal obvio de esta Acta de Martirio, a través de las palabras de Perpetua misma, son las visiones y oraciones que el Espíritu Santo le da para inspirarla en el amor divino, para su propio aliento y el de sus hermanos y hermanas en Cristo. Sin embargo, el tema de la libertad de elegir a quién amar, ya sea al Dios cristiano o a otros seres humanos, es promovido no sólo por la espiritualidad profundamente carismática y apocalíptica de la joven, sino también por las referencias más sutiles a la desobediencia a las normas de la estructura familiar patriarcal y al Imperio. En este ensayo, me gustaría examinar las referencias hechas a estos temas para comprender más profundamente cuán radicalmente peligroso se percibía y cuán radicalmente liberador era el amor cristiano a principios del siglo III en Cartago –y luego proponer algunos aprendizajes para el cristianismo latinoamericano hoy.
Resistencia a la Estructura Familiar Patriarcal
Primero, veamos la evidencia de resistencia al patriarcado en el texto. Este tema está representado por las relaciones de Perpetua con su padre, su hijo pequeño y su amada esclava, Felicitas.
El relato de Perpetua misma empieza con la presentación de su padre quien la visita en la cárcel y quien deseaba “ardientemente hacer(la) apostatar.” Cuando ella insistió que solo podía llamarse cristiana, su padre, irritado por esta palabra, se abalanzó sobre (ella) con ademán de arrancar(le) los ojos.” Y cuando él se marchó, ella dió “gracias al Señor … y (sintió) alivio con su ausencia.
Aunque su alivio puede parecer antagónico en esta parte de la narración, ella reconoce claramente el afecto de su padre por ella y se siente preocupada por ello. Sin embargo, no puede llamarse a sí misma por ningún otro nombre que no sea “cristiana”. Se siente libre para desafiar a su padre, a pesar de su afecto y de su mandato paterno.
El padre de Perpetua aparece otra vez y, entre lágrimas, le dice: “Compadécete, hija mía, de mis canas; compadécete de tu padre … Mira a tus hermanos; mira a tu madre … mira a tu hijito, que no ha de poder sobrevivirte. Depón tus ánimos.” No obstante, Perpetua responde, “has de saber que no estamos puestos en nuestro poder, sino en el de Dios.” El deseo más profundo de Perpetua no es someterse a la voluntad de su padre, sino inducirlo a someterse él y aceptar la voluntad de Dios. La sumisión puede ser muy difícil para las figuras de autoridad patriarcal.
En un intento final de manipular a su hija, el padre de Perpetua se niega a entregarle a su bebé para amamantarlo. Por la primera vez, según relata Perpetua, y “por quererlo así Dios, ni el niño echó ya de menos los pechos ni yo sentí más hervor en ellos. Así lo ordenó el Señor, para que no fuera yo atormentada juntamente de la angustia por el infante y el dolor de mis pechos.” Dios le libera a Perpetua de sus deberes maternos y la permite a regocijarse plenamente con sus compañeros y compañeras en su próximo martirio. Es liberada de toda atadura familiar para poder seguir su deseo más íntimo de comulgarse con su Señor en el bautismo de sangre.
Una última pieza de evidencia en el texto que demuestra la resistencia a las jerarquías patriarcales es la relación obviamente afectuosa de Perpetua con su esclava, Felicitas. Ambas eran catecúmenas y, por tanto, se habían convertido al cristianismo aproximadamente al mismo tiempo. Perpetua se había convertido recientemente en madre primeriza y Felicitas fue encarcelada estando embarazada de ocho meses de su primer bebé. Felicitas se entristeció mucho al pensar que su embarazo le impediría compartir en la comunión del martirio con los demás. Perpetua dirigió al grupo en oración y gemidos profundos para que no tuvieran que “dejar atrás tan excelente compañera, como caminante solitaria por el camino de la común esperanza.” En cuanto terminaron sus oraciones, “sobrecogieron inmediatamente a Felicitas los dolores del parto” y dio a luz a una niña. Está claro que el grupo de mártires entendía que eran todos y todas igualmente valoradas y bendecidas en Cristo. Si de familia noble, familia común, o en condición de esclavitud, su afecto y respeto mutuos eran el mismo. No hicieron diferencias de personas. Perpetua misma le describe a Felicitas como “tan excelente compañera.” Esta falta de diferencias entre los y las mártires se hizo notoriamente pública en la recta final. Los y las espectadores del circo, enfurecidos por la paz y regocijo entre los y las mártires, insisten que el degollamiento final se haga delante de sus ojos. Los y las mártires, ensangrentados y reventados, volvieron apaciblemente al anfiteatro y se dieron un último beso de la paz.
La adscripción al cristianismo que el texto describe derroca la jerarquía familiar de la nobleza romana en el África del Norte Romana. Los y las esclavas se aprecian con mayor profundidad que los padres, los hijos y aún el emperador. Perpetua, como mujer y autora, celebra esta interrupción y deconstrucción de los valores familiares tradicionales romanos. Su comprensión de las Escrituras, su fe honda e inquebrantable, y su profundo amor por sus compañeros y compañeras pueden ser un ejemplo para la juventud cristiana latina mientras se esfuerzan por dar testimonio del amor del Señor Jesucristo a través de la desobediencia a las normas hetero-patriarcales en las iglesias y las familias, frecuentemente en oposición a discriminaciones profundamente arraigadas en estas mismas estructuras sociales.
Resistencia al Imperio
Ahora, nos preguntamos –además de la yuxtaposición de la paz, amor y gozo de los mártires contra la brutalidad de la sentencia de muerte y de los espectadores en el anfiteatro– ¿cómo demuestra este texto la resistencia al imperio?
El primer paso que llevaba al circo romano era de presentar a los criminales ante el tribunal, leer la sentencia y ofrecer una última oportunidad por el arrepentimiento y cambio. Cuando el procurador le pidió a Perpetua que tuviera compasión por su padre y su hijo y que se “sacrifi(que) por la salud de los emperadores,” se negó. Por el doble crimen de negar la divinidad de los emperadores y de haberse convertido al cristianismo, el procurador luego ordenó que los catecúmenos se echaran a las fieras. El contraste marcado entre la brutalidad del sistema judicial romano y la resistencia pacífica de los cristianos está resaltado. Asimismo el contraste marcado entre la muchedumbre enfurecida y el amor entre los cristianos y las cristianas en medio de su agonía/victoria final.
Muestras particularmente irónicas de la brutalidad del Imperio y su falta de respeto por las minorías en los márgenes del Imperio se evidencian por el autor testigo y anónimo del prólogo y epílogo. El epílogo describe los últimos acontecimientos en el sufrimiento “glorioso” de los mártires. El autor explica cómo Perpetua insistía en un trato más humano para su compañeros:
¿Cómo es que no nos permites alivio alguno, siendo como somos reos nobilísimos, es decir, nada menos que del César, que hemos de combatir en su natalicio? ¿O no es gloria tuya que nos presentemos ante él con mejores carnes?
El autor enseguida comenta que el tribuno sintió vergüenza por sus palabras y ordenó “que se les tratara más humanamente. Perpetua expone la inhumanidad del sistema criminal romano contra los presos políticos y lo aprovecha momentáneamente para sus compañeros/as cristianos/as de cárcel –insistiendo en su derecho a la dignidad.
Además, “el día de su victoria … salieron de la cárcel al anfiteatro, como si fueran al cielo, radiantes de alegría y hermosos de rostro.” Sin embargo, al llegar “a la puerta del anfiteatro, (los soldados) quisieron obligarles a vestirse a los hombres de sacerdotes de Saturno y a las mujeres de sacerdotisas de Ceres.” Era importante invocar la bendición de estas deidades romanas tradicionales en medio de un pueblo minoritario en una provincia marginal quienes estaban desafiando las tradiciones imperiales romanas. Sin embargo, los mártires insistieron:
Justamente hemos llegado al punto presente de nuestra libérrima voluntad, a fin de que no fuera violada nuestra libertad; si hemos entregado nuestra alma, ha sido precisamente para no tener que hacer nada semejante. Tal ha sido nuestro pacto con vosotros.
Los soldados reconocieron la justicia de los prisioneros. Por lo tanto, las mujeres procedieron cantando himnos, y los varones increparon a todos: “Tú nos juzgas a nosotros; a ti te juzgará Dios.”
Podemos ver que la solidaridad entre los prisioneros y las prisioneras y el liderazgo de Perpetua ayudan a los cristianos y las cristianas a que insistan orgullosamente en su propio valor y dignidad, se nieguen a conformarse a las costumbres sociales y religiosas, y mantengan su fe con integridad. De igual manera, una comprensión profunda del amor de Dios para las personas que viven en los márgenes de sus sociedades también puede darles la fuerza para valorar su propia dignidad y valor, a pesar de las presiones sociales a conformarse a estándares que traicionarían su propia integridad.
Conclusión
A lo largo de este texto, Perpetua demuestra su capacidad innata para reagrupar a los y las mártires, animándoles, afirmándoles en su fe y en su amor mutuo. Su presencia, palabras y acciones, no sólo como autora de la mayor parte del texto, sino también en las palabras de la persona anónima que escribió el prólogo y el epílogo es determinante al desafiar las estructuras de poder imperial y patriarcal. De hecho, la fe, la esperanza y el amor que brillan en ella se burlan de la justicia imperial y comprueban su injusticia. La paciencia de su fe, esperanza y amor ofrecen una resistencia solemne y sólida ante las súplicas de su padre sin mostrar ningún desprecio hacia él como persona –aunque su resistencia a la autoridad paterna es una parte importante de lo que pone al procurador en contra de ella y sus compañeros.
No hemos discutido en este ensayo la profundidad de la fe, la esperanza y el amor de Perpetua. Cualquier lector o lectora del Acta notará este tema. Lo que hemos presentado aquí es la evidencia del contexto extremadamente difícil y la fe contracultural de estos y estas mártires norteafricanos/as de principios del siglo III. La sangre de estos/as cristianos/as fue semilla precisamente porque demostró que el amor y la libertad cristianos son más fuertes cuando confrontan y disputan estructuras de poder injustas. El autor del epílogo asegura que muchas de las personas presentes se hicieron cristianas por el amor y la alegría que irradiaban los y las mártires ante la brutalidad imperial.
Ahora, volvamos a la pregunta: ¿Cómo puede este relato del Martirio de las Santas Perpetua y Felicitas animar a las comunidades cristianas en la América Latina y alrededor del mundo? ¿Cómo puede una reflexión sobre la resistencia de Perpetua y Felicitas desafiar a las iglesias de la América Latina hoy?
Observando el mundo desde la inestabilidad económica de la Argentina, me es fácil señalar la empresa militar estadounidense y las estrategias imperiales de las corporaciones multinacionales financieras y extractivistas estadounidenses, europeas y chinas. Son “imperios” que prometen paz y prosperidad. No obstante, el costo en vida humana, pobreza, destrucción de ecosistemas sudamericanos importantes, tal como son el Amazonas y el Río de la Plata, y la deforestación de las otroras ricamente bio-diversas selvas Sur y Centro Americanas, exponen la injusticia de esta así llamada “paz y prosperidad.”
Más aún, muchas personas de fe cristiana encuentran que la estructura familiar hetero-patriarcal en las sociedadesy muchas iglesias latinas son rígidas y excluyentes. En la Iglesia Católica Romana, las mujeres pueden ser catequistas, pero no pueden administrar las liturgias y los sacramentos. El sacramento del matrimonio restringe severamente los derechos que tienen las mujeres para decidir sobre sus propios cuerpos y deseos, y excluye a las personas LGBTQI+. En las iglesias protestantes y evangélicas, hay pocas mujeres que son pastoras por su propia ordenación. Muchas esposas de pastores no son reconocidas como ministras, pero su ministerio suele ser más importante que el de sus esposos que son oficialmente ordenados y reconocidos. Muchos jóvenes –varones, mujeres y queer– son echados de las iglesias y de sus familias cristianas porque no pueden someterse a la violencia de la autoridad hetero-patriarcal. La voz profética del amor y reconocimiento cristiano sostiene a muchos de estos jóvenes, tal como lo hizo al grupo de mártires norteafricanos/as en 203. Sin embargo, en muchos casos, son las iglesias las primeras en predicar en contra de la integridad y derechos humanos de las mujeres y de las personas de la diversidad sexo-genérica.
Es así que el estudio de la historia del cristianismo habla al cristianismo de hoy. El testimonio cristiano de los y las mártires nortefricanos/as era político y estructural, no meramente religioso y piadoso. El testimonio cristiano de las iglesias hoy día también debe ser político, estructural y profético, y no simplemente religioso o personalmente piadoso. Nuestro amor profundo por Dios y las unas por los otros deberá desenmascarar la falsedad de las promesas imperiales, desafiar costumbres sociales aceptadas, y proveer de libertad de protagonismo y expresión, incluso “a los más pequeños” (Mt 25:40).
Kathleen M. Griffin es profesora adjunta de historia de la iglesia y ha sido miembro del cuerpo docente de Fuller desde 2016. Anteriormente, se desempeñó como colaboradora de misión y profesora adjunta de historia de la iglesia en el Instituto Universitario – ISEDET (Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos) en Buenos Aires a través de Misión Mundial Presbiteriana durante 14 años, y también como profesora visitante de estudios teológicos en el Seminario Emanuel de la Asociación La Iglesia de Dios, también en Argentina. Vive en Argentina desde 1998.
Alma Cárdenas-Rodríguez y Raquel Toledo comparten sobre la importancia de empoderar a las mujeres latinas y sobre su respectiva participación en dicho trabajo.